Y no, lo sucedido no es un incidente menor.
Es la prueba —otra vez— de que la delincuencia avanza sin pedir permiso y sin respetar horarios.
Hoy cualquier poblano puede volverse víctima… en el lugar menos esperado y a la hora menos conveniente.
Lo que sí urge es que las autoridades encargadas de la seguridad le metan velocidad, afinen la coordinación y activen protocolos de respuesta.
Porque hoy los poblanos necesitan sentirse seguros, caminar sin sobresaltos y entrar a cualquier lugar sin pensar que pueden ser presa de la delincuencia ¿O no?
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