Lo que debía ser una noche de armonía se transformó en un vergonzoso juicio popular que puso al descubierto el hirviente descontento de la comunidad estudiantil.
Ante el alud de abucheos y los gritos de "¡Fuera! ¡Fuera!", la rectora tuvo que simular entereza, pero su rostro, según testigos, se desencajó ante la magnitud de la protesta. La imagen de Cedillo quedó marcada bajo las luces navideñas, reflejando que la paz en la máxima casa de estudios es solo una fachada.
Estos abucheos son el termómetro social que mide la frustración acumulada por los alumnos.
"Estamos hartos de la simulación. Fuimos obligados a acudir al encendido del árbol, pero demostramos nuesyra inconformidad en cada evento que nos citan" declaró un estudiante que prefirió mantener el anonimato por temor a represalias.
Cabe señalar que, la comunidad universitaria le ha recordado a Cedillo que el poder no es absoluto. Este evento no es un simple incidente: es una declaración de guerra abierta a las cúpulas de poder.
